Quesería Abuelo Prudencio: Nuestra historia

La historia de Quesería Abuelo Prudencio, nuestra historia, comenzó hace más de 30 años en Las Calderas. Es la historia de nuestra familia y nuestro negocio, pero también es la historia que hay detrás de nuestros quesos y que habla de todo el esfuerzo y  el amor que ponemos cada día al elaborarlos, del valor de la tradición y del atrevimiento, de la pasión con la que vivimos. Porque para nosotros hacer queso majorero de leche de nuestras propias cabras criadas en Fuerteventura es mucho más que un trabajo, es una forma de vida.

Pero empecemos por el principio, porque como todas las historias que merecen la pena ser leídas y escuchadas todo comienza con una decisión personal. También en este caso. Y fue la que tomó hace más de tres décadas el abuelo Prudencio, una decisión valiente: fundar una quesería para seguir con la tradición familiar de generaciones de pastoreo y elaboración de quesos majoreros. En esta isla atlántica, a casi 100 km de la costa de África y a casi 1700 Km de la Península Ibérica, en Las Calderas, en un lugar al que no llegaba ni la luz eléctrica ni el agua corriente, ubicó su rebaño de cabras autóctonas y a algunos kilómetros la quesería, en la que reunió todo lo necesario para convertir la leche cruda de sus cabras en delicioso queso majorero artesano.

Se hizo con  empleitas de palma y encargó  moldes a un carpintero de Villaverde. Y por su experiencia y aprendizaje decidió que para lograr un producto delicioso y apreciado debía centrarse en obtener  leche de la mejor calidad posible. El pastoreo diario, la alimentación natural y el bienestar de su rebaño de cabras majoreras debían ser su prioridad, algo que no le costó mucho tener en cuenta porque su amor por los animales compensaba el trabajo y esfuerzo extra que ello requería. Y así comenzó esta historia, en el lugar en el que se había criado y en el que había aprendido todo lo necesario para elaborar queso de leche cruda de cabra. 

Los años pasaron y gracias a su esfuerzo diario su familia creció aprendiendo a su lado a continuar su labor. Pero con el tiempo las dificultades  arreciaron. Cada vez era más complicado encargarse de todo, el turismo que traía prosperidad al entorno también alejaba a los jóvenes de la forma de vida majorera más tradicional y la globalización añadía algunos nuevos obstáculos difíciles de salvar. Se acercaba el momento de su retiro y la que había sido su forma de vida y su pasión durante años parecía abocada a la desaparición.

Y cuando parecía que ya sería el fin de la historia llegó un nuevo principio. Nina, la esposa de Juan, nieto del abuelo Prudencio, decidió que algo tan importante para su familia no se podía perder. Que no era momento para el fin, sino la ocasión para dar un paso adelante con la misma valentía que el abuelo había tenido años atrás. Por su familia, por la tradición, por el futuro. Por el cariño hacia sus animales y por seguir elaborando un producto tan apreciado y que era parte de sus vidas, el queso majorero artesano hecho a mano.

Nina tuvo que convencer a muchas personas, empezando por su marido, de que era una buena idea y la mejor decisión. Pero su fuerza de voluntad, su cariño y su empeño la mantuvieron firme. Si a muchos sorprendió que una mujer se pusiese al frente del negocio, algo poco habitual en la zona, no todos se atrevieron a decirlo. Si a algunos les extrañó el amor a la tradición y el estilo de vida majorero de una joven nacida en Georgia, a casi 7000 Km de distancia de Corralejo, es porque no podían imaginar todo lo que representaba para ella y su familia.

Siguiendo los consejos y la experiencia legada por el abuelo, Nina y Juan se embarcaron en una aventura que traería consigo tantos desafíos y retos como satisfacciones. Haciendo de la necesidad virtud, no se asustaron por cuidar a su rebaño en una zona sin luz ni agua corriente. “Si la vida te pone dificultades, aprovéchalas”, se dijeron. Y así hicieron un esfuerzo extra por criar un rebaño de cabras felices y obtener una materia prima sostenible para elaborar el queso majorero artesano, pastoreándolas a diario para que se alimentaran con la vegetación de la zona.

Para cuidar esa alimentación tan importante para obtener la leche de calidad excepcional con la que elaborar sus quesos de cabra canarios, se afanaron en buscar recursos naturales logrando así que la vegetación cortada de jardines particulares y hoteles formara también parte de su dieta. Desde entonces pastorean y ordeñan dos veces cada día a sus cabras, cuidando también de las crías y de los ejemplares más viejos que aunque ya no producen siguen formando parte del rebaño.

Juan y su tío cuidan del rebaño y elaboran a mano ocho variedades de queso majorero de leche cruda de cabra en la quesería que levantó el abuelo Prudencio. Nina se encarga de la gestión, la venta y otras muchas tareas necesarias en la Quesería Abuelo Prudencio. Una de estas tareas es la atención al cliente y la venta en la tienda online de queso majorero para enviar sus quesos de cabra artesanos a lugares de todo el mundo.

Esta historia ni tiene final a la vista, pero sí muchas páginas de continuidad por delante. Familia, trabajadores y clientes formamos parte de ella. También tú puedes hacerlo viniendo a visitarnos y conociendo nuestro queso de cabra y  al comprar online queso majorero de la Quesería Abuelo Prudencio para degustar cómodamente en tu casa una de las joyas gastronómicas de Fuerteventura.

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